-¿Cómo ha sido la política de salud en estos 10 años de gobierno Kirchnerista?

Para
hablar de la política de salud de estos diez años de gobierno
kirchnerista me remito a la frase del ex presidente Nestor Kirchner, el
25 de mayo de 2003 cuando asumió la presidencia y dijo que iba a
priorizar el hospital público. Desde entonces, no hubo ninguna acción
concreta que llevara ese discurso a los hechos concretos. Y lo que
tenemos hoy después de una década es por varias razones: principalmente
afectó el impacto de la exclusión que ha empeorado a causa de las
drogas, adicciones, la marginalidad, la violencia, hay una epidemiología
de la violencia.
-¿Cómo impacta el modelo económico kirchnerista en el sistema de salud?

Las
políticas económicas del kirchnerismo también actuan en detrimento de
la salud al incluir camiones y camiones en este modelo extraccionista
minero y sojero y eliminar los ferrocarriles. Esto nos lleva por un lado
a los accidentes de tránsito y por otro lado, con las concesiones
truchas, a la tragedia de Once que no es otra cosa que un accidente de
gente que está yendo al trabajo. Esta filosofía de tener una Argentina
de monocultivo sojero, de mega minería, de exclusión social,
asistencialismo y de no tener un sistema público de salud universal ha
llevado a una exclusión de la salud de la agenda política, con un
Ministro de Salud que lo único que ha hecho es estar procesado por
enriquecimiento ilícito.
Otro problema muy serio es que la mortalidad infantil que no baja y
esto no es porque los programas fracasen, es porque las causas
estructurales no bajan, que son la pobreza, la miseria, la maternidad
adolescente, la desnutrición infantil. También estamos pésimos en la
mortalidad materna, la situación es la misma que hace 20 años, y esto es
porque la Presidenta se ha opuesto tenazmente a crear una ley de
sexualidad y salud reproductiva. Se hacen más de medio millón de abortos
clandestinos al año, y a causa de los sangrados y pérdidas se mueren
las más pobres. Porque en la Argentina todos saben que es ilegal pero es
caro, para quien tiene 2 mil o 3 mil pesos para hacerlo en una clínica
no hay ilegalidad ni persecución.
-¿Qué matices hay entre el sistema público y el privado?

Tenemos
una Argentina de exclusión y eso significa de tres velocidades. Una
salud para quienes se la paga el bolsillo, una salud para quienes tienen
un trabajo en blanco, y una salud para quienes no tienen cobertura y
tienen al hospital de pobres como única opción.
La no construcción de un sistema universal de salud es una decisión
de las elites argentinas desde el tiempo de Ramón Carrillo y el mismo
Perón le dijo “sí, armame todos los hospitales que quieras pero dejame
para los muchachos de la Unión Ferroviaria, (en ese entonces su
principal sostén político) el armado de las obras sociales”. Y las obras
sociales fueron por un lado un sistema de elite para los trabajadores
en blanco y, a partir de eso, un premio por el cual los sindicalistas
adictos se convirtieron en empresarios acumuladores de una enorme
cantidad de capital y dejaron de defender los derechos de los
trabajadores. Así que lamentablemente, las obras sociales sindicales al
fragmentarse en 330 bocas de administración su prestación termina siendo
ineficiente, y en mando hoy del sistema privado. Te diría que ahora hay
dos grandes sistemas: el público y el privado donde se encuentran las
obras sociales sindicales y los prestadores privados de salud. Así que
ese sistema para pobres, pensado pobremente hoy estamos navegando para
defenderlo y hacer que la salud deje de ser un derecho para los
trabajadores en blanco o para quienes pueden pagarla y se convierta en
lo que Carrillo soñaba que sea: un derecho de ciudadanía.
-¿Cómo juega en este sentido el negocio de los medicamentos?

El
negocio de los medicamentos es uno de los más grandes negocios junto al
de la tecnología, a nivel internacional. Hoy la compra de una molécula,
por ejemplo el Cerebrex, un anti inflamatorio implicó que Pfizer
absorba a Searle por 50 mil millones de dólares sólo para comprar un
remedio, imagínense cuál es la taza de ganancias. Así que este negocio
de los medicamentos, implica en el mundo un gran movimiento de capital
con un enorme problema para las multinacionales en todo el mundo; no hay
moléculas nuevas en el mercado mundial que permitan una diferencia
sustancial con las viejas que se han perdido las patentes. Esto
significa que los grandes problemas tales como la diabetes, la
hipertensión, se tratan con mono drogas de patentes vencidas. El
Voltarén, el Diclofenac, el Valium, todos se pueden fabricar como
medicamentos genéricos porque tienen las patentes vencidas.
Los laboratorios están desesperados buscando nuevas moléculas, y en
función de eso corrompen, hacen investigaciones mal terminadas, lanzan
al mercado medicamentos que después tienen que sacar.
-¿Cómo funcionan los grandes negocios de la salud?

Estamos
frente a grandes negociados donde por ejemplo el tema de la gripe A fue
el gran escándalo mundial porque los técnicos de la Organización
Mundial de la Salud dieron Alerta 6 e hicieron que todos los Estados
compren millones y millones de vacunas que después tiraron al mar y eso
se sabía porque eran empleados de esos laboratorios. No es que no
existió la gripe A, ni que la gripe A no nos mató a mil argentinos, pero
la compra masiva mundial estuvo fomentada por estos negociados que
buscan corromper a las estructuras profesionales a través de
investigaciones truchas, de coimas para mantener un negocio que es
multimillonario. En Argentina, Mazur es el gran comprador de
medicamentos, siempre mete una vacuna nueva en el calendario, esté
chequeada o no, y eso es una prueba de lo poco que le importa la salud
de los ciudadanos.
-¿Cómo son las condiciones de trabajo de los trabajadores de la salud?

Tenemos
en Argentina unos 600 mil trabajadores de la Salud, aproximadamente,
porque no tenemos cifras oficiales y exactas de la cantidad de
trabajadores, un desastre. Con esta cantidad, mitad en el sistema
público y mitad en el privado de la seguridad social, lo que hoy vemos
es una condición salarial baja y despareja. Baja respecto a otras
profesiones y desparejas en las diferentes regiones. Tenemos un alto
grado de precarización laboral en el sector público, tenemos provincias
como por ejemplo San Luis donde el 95 por ciento de los trabajadores se
encuentra en condiciones de inestabilidad con contratos cada tres meses.
El hospital más grande de la Argentina, el Hospital Posadas tiene el
70 por ciento del personal profesional precarizado y esto promovido por
el Ministerio de Salud de la Nación. El plan más grande de trabajo de
atención primaria, que es el de Médicos Comunitarios es un plan de
precarización laboral. Y esto es una estrategia de los organismos
internacionales, del FMI, del Banco Mundial, que nos dan los préstamos
para los planes de salud tales como el Plan Nacer, el Plan Sumar, donde
dice claramente que la estabilidad laboral de los trabajadores atenta
contra el rendimiento, que se achanchan, se enferman, se embarazan y por
eso es conveniente tenerlos contratados y precarizados.
-¿Qué implica la precarización laboral en salud?

La
precarización laboral se expresa de diversas formas en el sistema de
salud, por ejemplo gente que está contratada por un tiempo determinado a
través del plan Nacer o Sumar que son del Banco Mundial. O a través de
un contrato directo pero sin estabilidad por lo cual no pueden siquiera
sacar un crédito porque no tienen la estabilidad en planta como los
compañeros del Posada que están hace más de 20 años, o los trabajadores
de San Luís que cada tres meses tienen que renovar su contrato, incluso
compañeros que se están por jubilar. Otros que están a través del Plan
de Inclusión Social (PIS) de Rodríguez Saá, con el cual el 10 por ciento
de profesionales y trabajadores de la salud está trabajando en San Luis
por los 800 pesos de plan social, como los planes Argentina Trabaja,
pero que no tienen estabilidad ni aportes jubilatorios. Un trabajador de
la salud necesita tranquilidad, perspectiva de crecimiento y formación
para poder dar una buena atención. Si está todo el día creyendo que le
van a dar una patada y está aterrorizado cuando va a atender a un
paciente, esa atención es de menor calidad. Así que estos son los
grandes problemas y las grandes banderas que levantamos los sindicatos
de la salud de la CTA en el plano de los trabajadores de la salud.
-¿Cuáles son las medidas a tomar?

Desde
FESPROSA y desde la CTA, creemos necesario una paritaria nacional, un
salario base, políticas nacionales contra la violencia en salud, un
enfoque de género porque tenemos completamente feminizada la profesión,
de un pase a planta masivo. Hay gente trabajando precarizada desde hace
más de 20 años.
Nosotros hicimos un panorama de lo que fue el kirchnerismo a través
de sus actitudes ante los proyectos que hacían mejor al sistema de
salud. En el año 2003, con el diputado Macaluse, nuestro compañero de la
CTA, hicimos votar por unanimidad en diputados la Ley de Gratuidad para
que nadie cobre en los centros de salud. ¿Qué hizo el Ministerio de
Salud? Por orden de Kirchner y González García, lo bloqueó en el senado.
Nunca se aprobó esa ley. Hicimos y promovimos leyes para financiar el
sistema de salud y que dejen de ser hospitales pobres para pobres, nunca
tuvieron Estado Parlamentario, lo presentó Macaluse, lo presentó
Iturraspe nuevamente y nada.
Tampoco las leyes para tener un boleto gratis a los hospitales, lo
mismo la ley para tener un sistema de investigación que termine con la
corrupción. Las dos leyes para tener investigación de calidad y con
perspectiva de derechos humanos perdieron Estado Parlamentario al igual
que la ley de producción de medicamentos, que se aprobó por mayoría en
ambas cámaras pero Manssur por orden de Cristina nunca las reglamentó y
estamos sin ley de producción de medicamentos para que el Estado
intervenga y de alguna manera controle, regule y aporte medicamentos
genéricos de calidad al sector público.
Dentro de las leyes que el gobierno kirchnerista no apoyó está
nuestra Ley de Riesgo del Trabajo. La mortalidad infantil, materna y por
accidentes en Argentina son altos, tenemos 10 muertos por cada 100 mil
habitantes cuando hay 07 en Inglaterra por accidentes laborales.
Nosotros propusimos una ley con el compañero De Gennaro, con toda la
CTA, basada en la prevención, con delegados de prevención en todos los
lugares de trabajo que empodere a los trabajadores. Propusimos una ley
que le permitiría al maquinista de la tragedia de Once decir “No salgo” y
no tener que comerse no solo la presión de de toda la gente, sino
también la presión y que lo echen, hubiésemos salvado 50 vidas.
Queríamos una ley para no tener que subirse a un andamio sin casco, como
muchos trabajadores precarizados.
Queríamos una ley integral. Y terminar con el negocio funesto de las
ART. ¿Qué hizo el gobierno? Empeoró todo, mandó una ley donde los
derechos de los trabajadores cuando eran violados se ventilaban en el
fuero laboral, ahora se ventilan en el fuero civil, es decir, donde se
paga las tercera parte y tarda cinco años. Le ha quitado a los
trabajadores una conquista que, como decía la CGT, fue del primer
peronismo. Fue una ley vergonzosa, claramente apoyada por Pinedo del Pro
porque decía que regulaba el mercado laboral. Fue un regalo a los
empresario y una ley que mostró la veta precapitalista del gobierno
kirchnerista de manera taxativa.
-¿Cuál es el plan de lucha para este año?

Como
la Ley de Riesgo de Trabajo de perdió Estado Parlamentario, este año
vamos a volver a presentarlo el 28 de abril, el Día Mundial de los
Muertos en Ocasión de Trabajo para que ir al trabajo no se convierta en
la muerte como nuestras compañeras de Carmen de Areco que no murieron de
Gripe A que se trajeron de Miami, murieron porque una bacteria
intrahospitalaria de los caños podridos del acondicionador de aire que
no estaba adecuado por las malas condiciones y las ratas que estaban en
el hospital trajeron el virus.
Queremos comités de salud de seguridad e higiene de salud que puedan
controlar la situación de los hospitales. La batalla va a ser larga; hay
dos bandos, el empresariado capitalista con el Pro y el kirchnerismo
por un lado y nosotros por el otro peleando por una ley que defienda la
vida.