POR QUÉ ESTA CONVOCATORIA
La presencia de delegados y comisiones internas en los lugares de
trabajo constituye uno de los componentes estratégicos del modelo
sindical que los trabajadores en Argentina hemos venido construyendo
desde hace más de un siglo.
Este modelo va mucho más allá de los límites que pueda imponer una
determinada ley, o la voluntad de un determinado gobierno. Desde la
Central de Trabajadores de la Argentina estamos convencidos que nuestras
estrategias organizativas deben ser producto del debate y construcción
cotidiana que los trabajadores realizamos, cada uno en nuestro lugar de
trabajo, en la fábrica, en la oficina, en el barrio, en el sindicato, en
la ciudad y el campo y, especialmente, en la calle. Ahí está la
verdadera construcción del modelo.
Es allí donde día a día se plantean las disputas por mejores
condiciones de trabajo, por mayores salarios, por el control de los
procesos productivos.
Los trabajadores entendimos tempranamente que nuestra organización en
cada lugar de trabajo era vital para poder enfrentar los avances de la
patronal sobre nuestras condiciones de vida. Es así que durante muchas
décadas los delegados y las comisiones internas encabezaron las
principales luchas sindicales, ocupando los lugares de trabajo y la
calle.
Los patrones no tardaron en identificar a las comisiones internas y
no es extraño que el principal objetivo de la última dictadura militar
hayan sido los delegados y activistas sindicales en los lugares de
trabajo. Para ellos - patrones y dictadores - era necesario restablecer
la disciplina en las fábricas, y no dudaron en recurrir a la más
sangrienta de las represiones para ello.
Aún hoy, después de treinta años, los trabajadores seguimos de pie, y
reivindicamos nuestra historia como ejemplo para la construcción de
nuestro presente y nuestro futuro. Muestra de ello son los miles de
jóvenes trabajadores que en los últimos años se han sumado a la acción
sindical, y comienzan a recrear las experiencias organizativas en los
lugares de trabajo.
Allá por los años ’50 un representante patronal de la industria
metalúrgica afirmaba escandalizado que resultaba inaceptable que el
delegado hiciera sonar un silbato y se parara la fábrica. Lo que para la
patronal fue inaceptable, para nosotros debe transformarse en nuestro
objetivo. El fortalecimiento de nuestra organización en los lugares de
trabajo apunta a reconstruir esa fuerza, para que seamos nosotros, los
trabajadores, quienes seamos dueños de nuestro propio destino.
LA LUCHA DE ESTOS AÑOS
Luego de varios años de negociación colectiva ininterrumpida, una
gran cantidad de empleadores eluden la aplicación del convenio colectivo
por diversos medios: la no registración, la tercerización, el falso
cuentapropismo o por su no aplicación lisa y llana, favorecida por
ausencia de inspección del trabajo, de representación sindical en los
lugares de trabajo y la tolerancia o complicidad de algunas direcciones
sindicales.
La cantidad de trabajadores convencionados nunca superó al 45 % de la
fuerza del trabajo, y el 55% restante sirvió como disciplinador del
mercado de trabajo formal.
Hasta el año 2007, el poder adquisitivo de algunos sectores de
trabajadores formales creció sustancialmente, en un marco de situación
inmejorable. No obstante, la brecha entre el crecimiento del PBI y el
del salario se ha incrementado significativamente, lo que es
demostrativo de la muy pobre redistribución que aun en esas condiciones
se ha operado.
Desde entonces, el Producto Bruto Interno (PBI) ha continuado su
camino ascendente, pero el salario se ha estancado. El ingreso del
conjunto de los trabajadores en el mes de diciembre de 2011 era similar
al del último trimestre de 2001, mientras que en el mismo período el PBI
se incrementó en un 90,6%.
Por otra parte, el promedio de ingresos del conjunto de los ocupados,
provenientes de su ocupación principal, al cuarto trimestre de 2011,
asciende a $ 3.198 mensuales, y el 80% de los ocupados percibe ingresos
inferiores a $ 4.500 mensuales.
El 50% de los convenios colectivos de empresa donde los delegados
tienen una representación obligatoria, el Ministerio de Trabajo los ha
homologado sin su participación, lo que demuestra que las decisiones se
toman en las cúpulas sin consulta a los trabajadores y a sus
representantes directos.
Por otra parte, la institución del Salario Mínimo Vital y Móvil
(SMVM) que es la base y punto de partida para la fijación de los
salarios básicos convencionales no ha cumplido su función, ya que las
sumas establecidas año a año en el Consejo del Empleo, la Productividad y
el Salario, ha sido insuficiente y muy por debajo de la remuneración
que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su
jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada,
vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y
esparcimiento, vacaciones y previsión.
Vemos con preocupación que el crecimiento del salario real se ha
detenido y por ende disminuye día a día nuestro poder adquisitivo.
Asimismo, se vislumbran los primeros síntomas de la crisis que se
avecina: suspensiones, despidos encubiertos, rebaja de las horas
extraordinarias, aumento del trabajo no registrado, aumento de la
tercerización y precariedad laboral.
El congelamiento del Mínimo no Imponible ha generado que un 20% de
los trabajadores asalariados paguemos el Impuesto a las Ganancias
generando una nueva rebaja de nuestro salario real.
El retraso y la fragmentación del las asignaciones familiares han
generado una pérdida sustancial del ingreso de millones de trabajadores
que no cobran como consecuencia de los topes o por su condición de
cuentapropista y/o consecuencia de su no registración, o que cobran
asignaciones inferiores producto del escalonamiento.
OBJETIVOS DEL ENCUENTRO
Advertimos la necesidad de que los trabajadores generemos condiciones
para construir la unidad en la acción que nos permita reafirmar
nuestras conquistas y resistir los ajustes del gobierno y de los
patrones. Creemos que debemos continuar la lucha pero con más unidad y
con mejor saldo organizativo.
Por lo tanto, a los puntos que surgieron en las luchas recientes, en
las movilizaciones y en la calle, debemos sumarles otras que
cotidianamente sufrimos en nuestro salario, en nuestra jornada de
trabajo, en nuestra salud, en la falta de libertad sindical en los
lugares de trabajo, en la arbitrariedad, en la precariedad, en la falta
de estabilidad en el empleo y en los penosos sistemas de producción.
Pretendemos que las conclusiones del encuentro sean ampliación del
pliego reivindicativo que fuera motivo de los últimos conflictos y
movilizaciones, y la construcción de un plan de lucha. Pretendemos una
lucha unitaria en la reivindicación y plural en nuestra pertenencia de
clase.